La postura final de una clase de yoga suele pasarse por alto. Sin embargo, Savasana no es un simple descanso: es la pieza que integra todo lo trabajado.
Qué es Savasana y por qué importa al final de la clase
Savasana, la llamada postura del cadáver, consiste en tumbarse boca arriba con el cuerpo relajado y la mirada hacia dentro. Parece fácil, pero su objetivo es permitir que el cuerpo asimile el movimiento y la mente encuentre calma.
Beneficios físicos y mentales de Savasana
Esta postura activa el sistema nervioso parasimpático, baja la frecuencia cardíaca y ayuda a reducir la tensión muscular. A nivel mental, facilita la claridad y reduce la ansiedad.
Un ejemplo: María, que después de años caminando al mercado cada mañana, notó menos rigidez y mejor sueño tras incorporar Savasana a su rutina semanal. Así de simple, el cambio fue palpable en pocos días.
Los beneficios se extienden más allá de la esterilla. Se siente en la postura corporal, en el sueño y en la capacidad para gestionar el estrés.
Cómo practicar Savasana en 6 pasos
Hazlo al final de tu sesión, aunque sean solo unos minutos. Aquí tienes un método claro y práctico.
- Colócate boca arriba. Piernas separadas y brazos a los lados, palmas hacia arriba.
- Ajusta el apoyo: una manta bajo las rodillas si duele la espalda; una toalla bajo el cuello si tienes tensión.
- Cierra los ojos y siente la respiración sin intentar cambiarla.
- Escanea el cuerpo de pies a cabeza, soltando la tensión en cada exhalación.
- Permanecer al menos 5–10 minutos. Si puedes, alarga la práctica.
- Sal con calma: mueve dedos, gira hacia un lado y levántate despacio.
Estos pasos funcionan tanto para principiantes como para prácticas avanzadas. Nada de forzar; la comodidad es clave.
Consejo extra y variante para la espalda
La entrenadora, exbailarina con años guiando personas de todas las edades, recomienda una variante cuando la zona lumbar molesta: flexiona las rodillas y apoya los pies en el suelo. Esa pequeña modificación permite alcanzar quietud sin dolor.
Un truco final: antes de acostarte, pon una intención breve como “dejar ir” o “estar quieto”. Esto ayuda a anclar la práctica y a llevar la calma al resto del día. Listo, fuera de eso, respira y disfruta del silencio.